Maite García-Nieto

 
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Tu luz, esa luz suave de tenerte conmigo;

Tu voz, la voz sin eco de quererte en silencio.

No hay nada que decirnos, ya lo sabemos todo;

y tus besos se esconden tranquilos en mi pelo.

 

Tímidamente mi alma se encamina a tus ojos;

Suavemente, tu brazo me ciñe la cintura.

Florecen como almendros tus dedos en mi frente.

Tus dedos, emisarios de tu boca desnuda.

 

Solo queda una música en el aire, asombrado.

Todo se hace más nuestro, más íntimo, más lento.

Ya no quedan más notas en el arpa del ángel,

que se aleja, despacio, para que nos amemos.