Maite García-Nieto

 
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El perfume - Historia de un asesino
Patrick Süskind
 
"El perfume" narra la historia de Jean-Baptiste Grenouille, un ser grotesco y único que carece de olor corporal pero que tiene el sentido del olfato extremadamente desarrollado. Curioso personaje que crece en una dura Francia del siglo XVIII, donde se convierte en el mejor elaborador de perfumes de la historia. Desde la miseria en que nace, abandonado al cuidado de unos monjes, Jean-Baptiste lucha contra su condición y escala posiciones sociales convirtiéndose en un afamado perfumista. Crea perfumes capaces de hacerle pasar inadvertido o inspirar simpatía, amor, compasión... Obsesionado por encontrar el perfume que destile la esencia de la belleza, se acabará convirtiendo en un asesino en serie. Para obtener estas fórmulas magistrales debe asesinar a jóvenes muchachas vírgenes, obtener sus fluidos corporales y licuar sus olores íntimos. Su arte se convierte en una suprema e inquietante prestidigitación.
 
De la novela se han publicado más de 12 millones de ejemplares y se ha traducido a más de 40 lenguas. Hay que leerlo porque tal vez es el libro que mejor a descrito los olores.
 

Dos fragmentos...

... empezó a actuar con diligente premura. Ante todo desdobló el paño del perfumado y lo extendió sobre la mesa y las sillas, cuidando de que el lado engrasado quedara encima y se mantuviera intacto. Entonces apartó la sábana del lecho. La magnífica fragancia de la muchacha, que se derramó súbitamente, cálida y masiva, no le conmovió. Ya la conocía y la disfrutaría, la disfrutaría hasta la embriaguez más adelante, cuando la poseyera de verdad. Ahora se trataba de empezar cuanto antes, de dejar evaporar la menor cantidad posible; ahora se imponía la concentración y la rapidez.

Cortó el camisón de arriba a abajo con unos golpes de tijera, se lo quitó, cogió un paño engrasado y lo echó sobre el cuerpo desnudo. Entonces la levantó, le metió el paño sobrante por debajo, la enrolló como enrolla un barquillo el pastelero, plegó los extremos, la envolvió...

... Lo mismo sucedió a los diez mil hombres, mujeres, niños y ancianos reunidos allí: se sintieron débiles como doncellas que ceden a la seducción de su amante. Les dominó una abrumadora sensación de afecto, de ternura, de absurdo cariño infantil y sí, Dios era testigo, de amor hacia aquel pequeño asesino y no podían ni querían hacer nada contra él. Era como un llanto contra el cual uno no puede defenderse, como un llanto contenido durante largo tiempo, que se abre paso desde el estómago y anula deforma maravillosa toda resistencia, diluyendo y lavando todo. La multitud ya era sólo líquida, se había diluido interiormente en su alma y en su espíritu, era sólo un líquido amorfo y únicamente sentía el latido incesante de su corazón; y todos y cada uno de ellos puso este corazón, para bien o para mal, en la mano del hombrecillo de la levita azul: lo amaban.