Maite García-Nieto

 
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IX

Apretaste mi mano temerosa

y me quitaste el miedo;

Anochecía lentamente

y la gente pasaba sin mirarnos.

Nadie notó que dentro de nosotros

crecía una tormenta;

Era una noche transparente,

pero nadie se detuvo asombrado.

A lo lejos, la ciudad encendida,

y nosotros, muy cerca;

Era una noche gris y clara,

pero nadie se fijó en nuestros besos.

Y seguimos andando silenciosos,

sobre las hojas secas,

sin atrevernos a hacer ruido,

para que nada terminara de pronto.