Maite García-Nieto

 
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Don Juan Tenorio
José Zorrilla 1817-1893
Estrenado en Madrid el 28 de marzo de 1844.
 
La acción transcurre en Sevilla, a las orillas del Guadalquivir, en 1545, en los últimos años del Emperador Carlos V. La primera parte transcurre en la noche de carnaval.
  
Hace un tiempo Don Juan y Don Luis Mejía habían apostado para ver "quien de ambos sabía obrar peor, con mejor fortuna, en el término de un año", ese día se cumplía el lapso de tiempo, por lo tanto, Don Luis y Don Juan se vuelven a encontrar en la hostería de Buttarelli donde comparan sus hazañas. Los rivales cuentan los muertos en batalla y las mujeres seducidas, al finalizar Don Juan queda como vencedor, sin embargo Don Luis lo vuelve a desafiar diciendole a Don Juan que lo que le falta en la lista es "una novicia que este para profesar", entonces Don Juan le vuelve a apostar a Don Luis que conquistará a una novicia  y que además, le quitará a su prometida, Doña Ana de Pantoja. Al oír el desafío, el comendador Don Gonzalo de Ulloa, padre de Doña Inés, que llevaba en un convento desde su infancia y estaba destinada a casarse con Don Juan, deshace el matrimonio convenido. Por la noche, Don Juan seduce a Doña Ana haciéndose pasar por su prometido. Después, escala los muros del convento donde está encerrada Doña Inés y la rapta. Don Juan y Doña Inés se enamoran locamente. Don Luis y Don Gonzalo se enfrentan al protagonista en un duelo y Don Gonzalo muere, por lo que Don Juan tiene que huir a Italia.
  
En la segunda parte, cinco años después, Don Juan regresa a Sevilla y visita el cementerio donde está enterrada Doña Inés, que murió de amor. Doña Inés también ha hecho una apuesta, pero con Dios: si logra el arrepentimiento del joven, los dos se salvarán pero, si no lo consigue, se condenarán eternamente. Ante la tumba de Don Gonzalo, Don Juan invita al comendador a cenar y éste lo invita a su vez a compartir la mesa de piedra con él en el panteón. Cuando el espíritu del Comendador está a punto llevarse a Don Juan al infierno, Doña Inés interviene y le ruega que se arrepienta. La joven gana la apuesta y los dos suben al cielo rodeados de cantos e imágenes celestiales.
  
El Don Juan de Zorrilla nació en la leyenda medieval hecha famosa por Tirso de Molina, El burlador de Sevilla. Mozart, Molière y Byron también usaron el don Juan como personaje de sus obras. El Don Juan es rebelde y diabólico. Es símbolo de la libertad individual frente a las leyes sociales. Pero lo diferente de la obra de Zorrilla es que don Juan encuentra su salvación en el amor de doña Inés, cuando le pide perdón. Este acto permite una conciliación entre la religión y la imagen romántica del héroe seductor y arrogante.
  
Don Juan Tenorio - Fragmento - D. Juan relata su historia
Escena XII, Primera Parte - Acto I
 
DON JUAN
Como gustéis, igual es,
que nunca me hago esperar.
Pues, señor, yo desde aquí,
buscando mayor espacio
para mis hazañas, di
sobre Italia, porque allí
tiene el placer un palacio.
De la guerra y del amor
antigua y clásica tierra,
y en ella el Emperador,
con ella y con Francia en guerra,
díjeme: «¿Dónde mejor?
Donde hay soldados hay juego,
hay pendencias y amoríos».
Di, pues, sobre Italia luego,
buscando a sangre y a fuego
amores y desafíos.
En Roma, a mi apuesta fiel,
fijé entre hostil y amatorio,
en mi puerta este cartel:
Aquí está don Juan Tenorio
para quien quiera algo de él.
De aquellos días la historia
a relataros renuncio;
remítome a la memoria
que dejé allí, y de mi gloria
podéis juzgar por mi anuncio.
Las romanas caprichosas,
las costumbres licenciosas,
yo gallardo y calavera,
¿quién a cuento redujera
mis empresas amorosas?
Salí de Roma por fin
como os podéis figurar,
con un disfraz harto ruin
y a lomos de un mal rocín,
pues me quería ahorcar.
Fui al ejército de España;
mas todos paisanos míos,
soldados y en tierra extraña,
dejé pronto su compaña
tras cinco o seis desafíos.
Nápoles, rico vergel
de amor, de placer emporio,
vio en mi segundo cartel:
Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él.
Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca,
no hay hembra a quien no suscriba,
y cualquier empresa abarca
si en oro o valor estriba.
Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie que le ataje,
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.
Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
Nápoles, no hay lance extraño,
no hubo escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.
Por dondequiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo razón ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.
A esto don Juan se arrojó,
y escrito en este papel
está cuanto consiguió,
y lo que él aquí escribió,
mantenido está por él.
  
  
José Zorrilla y Moral nació  en Valladolid el 21 de febrero de 1817. Era hijo de un funcionario público carlista que durante la época liberal española tuvo que exiliarse. Asistió al Real Seminario de Nobles, una escuela jesuita de Madrid, y empezó a escribir poesía a los 12 años.  En 1833 fue enviado a la Universidad de Toledo para estudiar derecho pero el carácter impuesto de los estudios y su atracción por el dibujo, las mujeres (una prima de la que se enamoró durante unas vacaciones) y la literatura de autores como Walter Scott, Fenimore Cooper, Chateaubriand, Alejandro Dumas, Victor Hugo, el Duque de Rivas o Espronceda arruinaron su futuro. El padre desistió de sacar algo de su hijo y mandó que lo llevaran a Lerma a cavar viñas pero cuando estaba a medio camino robó una mula, huyó a Madrid y se inició en la literatura frecuentando los ambientes artísticos y bohemios de Madrid y pasando mucha hambre. Se trasladó entonces a la Universidad de Valladolid, donde siguió su vida de bohemio y desdén por los estudios, trasladándose de nuevo a Madrid donde obtuvo fama al recitarun poema en el entierro de Larra, que se había suicidado el 15 de febrero de 1837. En 1839 se casó con una viuda 16 años mayor que él, doña Florentina O'Reilly.  No fue un matrimonio feliz.  En los años posteriores escribió, entre otras obras, el drama Don Juan Tenorio, que  fue un éxito desde el principio y que aun se representa en el mundo hispánico el día de difuntos. Irónicamente, no le trajo ganancia al autor, ya que vendió los derechos de autor a muy poco precio.
En 1855 se trasladó a Méjico, donde fue nombrado director del Teatro Nacional por el Emperador Maximiliano de Austria. Regresó a España en 1866 como consecuencia de la muerte de su esposa. Fue nombrado Príncipe de Poetas Nacionales en 1889, pero al morir en Madrid el 22 de enrero de 1893, la Real Academia tuvo que pagar los gastos de su funeral a causa de la aparente pobreza del poeta. El estilo dramático de José Zorrilla consiste de exuberancia, color y virtuosidad métrica.  Era bastatne prolijo como autor sentimental, con gustos por lo misterioso, lo fantástico, lo heroico, y lo grandilocuente, así como creador de efectos teatrales de gran dramatismo. Se supone que era algo descuidado en su estilo. Con Zorrilla termina el teatro romántico histórico en España, que logra unir el amor ideal y romántico con lo tradicional y religioso español.