Maite García-Nieto

 
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El sueño de una noche de verano
William Shakespeare 1564-1616
c.1595
Título original: A Midsummer Night´s Dream
  
Una de las comedias de Shakespeare más conocidas y más representadas. No parece que tenga ningún antecedente literario claro. Es todo fruto de la imaginación de Shakespeare. La idea de la obra dentro de la obra está perfectamente estructurada y sostenida por un lenguaje y unas situaciones brillantes. Probablemente Shakespeare utiliza a autores como Chaucer, Ovidio o Apuleyo y su Asno de Oro.
La base de la intriga son una serie de amores y parejas cruzadas o no correspondidas, y todo ello bajo el influjo de las hadas. Hermia rehúsa la orden de su padre Egeo de casarse con Demetrio porque ama a Lisandro. Demetrio ya le ha ofrecido su amor a Helena y ella le corresponde. Según la ley de Atenas, Teseo, el Duque, le da a Hermia cuatro días para obedecer a su padre. De lo contrario, será condenada a muerte o entrará en un convento. Hermia y Lisandro deciden escapar y casarse en secreto donde las leyes de Atenas no puedan perseguirlos. Se encontrarán en un bosque a las afueras de la ciudad. Hermia le cuenta su proyecto a Helena y ésta a Demetrio, que persigue a Hermia hasta el bosque. El bosque, que tanta importancia escénica y plástica tiene en la obra, es el lugar favorito de las hadas. Oberon y Titania son el Rey y la Reina de las hadas. Oberon encarga al malévolo espíritu Puck que le traiga el jugo de una flor mágica para echárselo en los ojos a Titania mientras duerme, de manera que se enamore de lo primero que vea cuando despierte. Oberon decide poner también un poco del jugo en los ojos de Demetrio, de forma que Helena esté cerca. Puck toma a Lisandro por Demetrio y cuando Oberon se entera del error le pone el líquido también a Demetrio. De esta forma ambos están enamorados de Helena. Mientras tanto, Titania se despierta y se enamora de Bottons, el tejedor que lleva puesta una cabeza de asno. Los artesanos han ido al bosque a ensayar una obra. Bajo una espesa niebla se vuelven a dormir los amantes, y por intercesión de Oberon cada uno vuelve con su pareja amada. La obra termina con la representación de la tragedia de “Píramo y Tisbe”, que interpretan de manera cómica y paródica.
  
 
El sueño de una noche de verano - Fragmento
HERMIA
¿Qué amor podría alejarte de mi lado?
  
LISANDRO
El amor que ahora empuja a Lisandro: la bella Helena, que a la noche engalana más que todas las brillantes luminarias.
¿Por qué me has seguido? ¿No te hace ver esto que te dejé por el odio que te tengo?
  
HERMIA
No es posible. Tú no dices lo que piensas.
  
HELENA
¡Conque en esta alianza también está ella! Ahora ya entiendo el juego que llevan: unidos los tres, mejor me atormentan.
¡Injuriosa Hermia, mujer más que ingrata! ¿Con ellos conspiras, con ellos maquinas para acosarme con tan zafia burla?
Todos los secretos que hemos compartido, promesas de hermanas, horas que pasábamos reprendiendo al tiempo presuroso porque nos separaba... ¿Todo eso se ha olvidado? ¿La amistad en la escuela, nuestro candor de niñas?
Hermia, nosotras, como dos dioses artífices, con nuestras agujas creamos una flor sobre una misma muestra, sobre un mismo cojín sentadas, cantando las dos en armonía, cual si manos, costados, voces y almas fueran de un solo cuerpo. Así crecimos juntas como una doble guinda que parece separada, pero que guarda unidad en su división: dos hermosas frutas moldeadas sobre un tallo; a la vista dos cuerpos, mas un solo corazón; dos mitades iguales de un blasón, mas de un solo título y una sola cimera.
¿Vas a partir en dos nuestro viejo cariño uniéndote a hombres e hiriendo a tu amiga?
Eso no es de amiga, ni es de doncella. Nuestro sexo, igual que yo, te lo reprobará, aunque sólo sea yo la que esté herida.
  
HERMIA
Me asombra la pasión de tus palabras. Yo de ti no me burlo; más bien tú de mí.
  
HELENA
¿No has mandado a Lisandro que me siga en son de burla y que alabe mis ojos y mi cara?
¿Y no has hecho que Demetrio, tu otro amor, que hace poco me trataba a puntapiés, me llame diosa, ninfa, única, divina, joya celestial? ¿Por qué le dice eso a la que odia? ¿Y por qué Lisandro
reniega de tu amor, que le llenaba el alma, y a mí, ¡válgame!, me ofrece el suyo, si no es porque tú lo induces y consientes? Y eso que no me veo favorecida, colmada de amor o afortunada como tú,
sino mísera, amante mas no amada. Lo que yo merezco es lástima, no desprecio.
  
HERMIA
No entiendo qué quieres decir.
  
HELENA
¡Eso! Tú persiste: finge seriedad; haz muecas a mi espalda, guiñaos el ojo y, ¡adelante con el juego!
Esta broma, bien llevada, pasará a las crónicas. Si tuviérais compasión, lástima o respeto, no haríais de mí el blanco de este ataque. Así que adiós. En parte es culpa mía, que pronto purgará mi ausencia o muerte.
  
LISANDRO
Espera, dulce Helena. Deja que te explique, ¡amor mío, alma y vida, bella Helena!
  
HELENA
¡Admirable!
  
HERMIA (a LISANDRO)
Mi amor, no te burles de ella.
  
DEMETRIO
Si no le convence, yo le obligaré.
  
LISANDRO
Ni tú vas a obligarme, ni ella a convencerme. Más que sus ruegos no podrán tus amenazas. – Te quiero, Helena; por mi vida que te quiero. Te juro por la vida que por ti perdería que daré el mentís a quien diga lo contrario.
  
DEMETRIO (a HELENA)
Yo digo que te quiero más que él.
  
LISANDRO
Entonces ven conmigo a demostrarlo.
  
DEMETRIO
Vamos, pronto.
  
HERMIA
Lisandro, ¿adónde lleva todo esto?
  
LISANDRO
¡Suéltame, gitana!
  
DEMETRIO
Sí, claro. Parece que se suelta. Hace ademán de seguirme, pero no viene. –¡Si serás miedoso!
  
LISANDRO
¡Quita, gata, lapa! ¡Suéltame, engendro, o te sacudiré de mí como a una víbora!
  
HERMIA
¿Por qué te pones tan grosero? ¿Por qué este cambio, amor mío?
  
LISANDRO
¿Amor tuyo? ¡Aparta, negra zíngara! ¡Quita, medicina vil, repugnante pócima!
  
HERMIA
¿Estás bromeando?
  
HELENA
Sí, claro, y tú también.
  
LISANDRO
Demetrio, mantengo mi palabra.
 
DEMETRIO
Quisiera atarte a ella, al ver tu débil atadura. No me fío de tu palabra.
  
LISANDRO
¡Cómo! ¿Quieres que le pegue, la hiera, la mate? Por más que la odie, no pienso hacerle daño.
  
HERMIA
¿Y qué daño podría ser mayor que el odio? ¿Tú odiarme? ¿Por qué? ¡Ay de mí! ¿Qué ocurre, amor? ¿No soy Hermia? ¿Tú no eres Lisandro? Tan bella soy como era antes. Anoche me querías, y esta noche me has dejado. Entonces (¡los dioses me valgan!), ¿he de entender que me has dejado de verdad?
  
LISANDRO
Sí, por mi vida, y no quería volver a verte. Abandona la esperanza, las palabras, toda duda. Ten por cierto y verdadero que te odio (no hablo en broma) y que amo a Helena.
    
  
Existen muy pocos hechos documentados en la vida de William Shakespeare. Lo que sí se puede afirmar es que nació en Stratford-upon-Avon, en abril de 1564, y que a la edad de 18 años se casó con Anne Hathaway, con quien tuvo tres hijos, y que murió el 23 de abril de 1616, poco antes de cumplir los 52 años.
  
Shakespeare posee, al igual que todos los grandes poetas, un gran poder de síntesis; escribía con todo el idioma y contaba con un léxico matizado y extensísimo. Cuidó la estilización retórica de su verso blanco, con frecuencia algo inserto en la tradición conceptista barroca del Eufuismo, por lo que en la actualidad es bastante difícil de entender y descifrar incluso para los mismos ingleses; rehuyó sin embargo conscientemente las simetrías retóricas, las oposiciones demasiado evidentes de términos; el idioma era entonces una lengua proteica y los significados de las palabras no estaban todavía fijados con claridad por repertorios léxicos. Si su trabajadísimo lenguaje es y solía ser (y lo era incluso cuando Voltaire atacó en sus Cartas inglesas las hinchazones anticlásicas de su estilo) un impedimento para apreciar la obra del autor, también es cierto que es el asiento sobre el que reposa su fama y prestigio como pulidor e inventor de neologismos comparables a los de otros dramaturgos y poetas de su época de renombrada trayectoria, como los españoles Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora.